Obra del debutante Santiago A. Zannou, madrileño de 32 años, hijo de africano -de Benin- y aragonesa, y candidato en 2004 al Goya al mejor corto con Cara sucia, El truco del manco es una brutal patada a la conciencia de la mayoría de los que llevamos una vida más o menos mediocre, en nuestros hogares de clase media, con nuestras rentas que nos permiten salir adelante de una forma medianamente digna. El Langui (Cuajo), cantante de hip-hop, que protagoniza el filme es un chico que sufre parálisis cerebral, lo cuál le impide moverse con agilidad, pero no le imposibilita sacar a delante sus proyectos y encarar la vida con un par de narices. Su amigo, adicto a las drogas y él pretenden montar un estudio de grabación, adquiriendo el dinero por medio de trapicheos, todos ellos ilegales. Me quedé encantada con el cameo de la Mala Rodríguez y aunque la película se desarrolla lentamente en los primeros minutos de metraje, además de que debo criticar las actuaciones de algunos de los intérpretes, así como el hecho de que todos ellos hablen a un tiempo y con jerga callejera, lo cuál hace más difícil entender lo que dicen; sin embargo, a medida que avanza el filme, una se va metiendo cada vez más en la película, se hace amena.
Es significativa la escena del comienzo en la que Cuajo intenta entrar en la bañera para ducharse y ahí vemos sus tremendas trabas para hacerlo. Él es el contrapunto de su amigo, que parece tenerlo todo: físico, encanto y buen corazón, sin embargo no tiene las agallas que Cuajo.
Después de ver la película quedé con un regusto desagradable, puesto que parece que las expectativas de Cuajo no se materializan, sin embargo, su enorme carisma, le hace envolver un cigarrillo por primera vez y considerar ese el mayor logro del día. Todo ello encaja muy bien dentro de la ideología del hip-hop que retrata un mundo de los suburbios, en el cuál la vida es complicada y hace falta mucha fuerza para salir adelante, sin que el camino lleve a ningún puerto seguro.
Es también digna de resaltar la maldad del hermano de Cuajo, que llega a unos niveles de mezquindad incomprensibles para la mayoría de las personas, tal vez porque siente envidia del pensamiento emprendedor de su hermano, tal vez simplemente porque es un “hijo de su madre”.













