Abdellatif Kechiche, director de la película, es un nombre a tener en cuenta dentro del panorama cinematográfico del nuevo cine europeo. Lo que al principio me pareció una película tediosa y de diálogos y situaciones que se alargaban innecesariamente, hacia más o menos la mitad del filme empezó a cambiar de cariz. Cuando empecé a ver la película me dió la impresión de tratarse de una coral, pero no sabía muy bien hacia donde iban los tiros, más tarde comecé a caer en los efectos de la inigualable sensualidad de Cuscús. Canto a la familia y a la solidaridad, aunque estos no sean los temas principales.
Una familia de árabes afincados en Francia son los auténticos protagonistas de Cuscús, que nos intenta abrir los ojos a lo que es una realidad de los inmigrantes franceses. Slimane (Habib Boufares), después de ser despedido de su trabajo, intenta montar un negocio por su cuenta y en el filme se retratan muy bien todas las trabas que encuentra a la hora de pedir préstamos y comenzar con el negocio.
El filme te abre el apetito, te secuestra de la abulia de la vida cotidiana para sumergirte en los deseos, en las sensaciones, en el sensual disfrute de un plato de cuscús, servido con cariño y con la fuerza de la amistad.
Según mi opinión, todos los personajes giran en torno a Slimane, el eje central de la tensión que hace que los demás personajes se vuelquen sobre sus iniciativas, sobre su alma de solitario; y digo tensión porque Slimane es un lobo estepario, es un hombre que vive ajeno a toda la afectividad que se despliega en torno a su persona.
Las actuaciones son memorables, aunque si tengo que encontrarle un defecto, los diálogos son excesivamente largos; yo cortaría la mitad del metraje, y seguramente la película seguiría mereciendo la pena.
Me parece fantástica la escena en la que Slimane se queda completamente solo, sin esperanza de conseguir su objetivo; mientras, la gente que le rodea hace todo lo posible por conseguir convertir su sueño en realidad.
Otro acierto de la película es terminar como empieza, de una manera cotidiana, sin cerrar con final feliz ni tremebundo. Ese es parte del encanto de Cuscús, te puedes identificar con los personajes, son gente de la calle, gente normal, que no encierran en su interior vidas atormentadas, sino las vicisitudes que puedan acaecernos a cualquiera de nosotros.













